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Con el aporte de capital privado, se inauguró en Huancayo el terminal terrestre más moderno del país, en un área de 30 mil metros cuadrados y a un costo de 3,8 millones de dólares. Desde aquí se movilizarán a diario unos diez mil pasajeros.

Las empresas que financiaron la obra son Cruz del Sur, Ormeño, Tepsa, Civa, Olano, Cromotex, El Pino y Atahualpa, agrupados en el consorcio Ter Huancayo, presidido por Joaquín Ormeño.

El terminal comenzará a operar en una semana, según indicó el gerente general Marcelo Aragón. Esto se debe a que las empresas recién empezarán a instalarse. Sin embargo, todavía faltan concluir algunas obras como el piso del ambiente para camiones de carga, los servicios higiénicos y centros comerciales.

Según el alcalde Fernando Barrios Ipenza, el proceso de concesión fue dirigido por la municipalidad de Huancayo, con la asesoría de Pro Inversión. Además, se construyó de acuerdo con el diseño y requerimientos de obras similares del exterior, para un flujo de 200 vehículos diarios.

La construcción no le costó a la municipalidad porque la entregó en concesión por 20 años a Ter Huancayo. En contraparte , recibirá 7,7 % de lo que se recaude por el servicio, calculado en 150 mil dólares al año.

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En Huancayo hay un lugar donde se puede conocer un fragmento de nuestra biodiversidad vegetal. Todo esto gracias a un hombre que desde joven se dedicó a esta titánica tarea

Desde hace unos sesenta años, Eugenio Santana Romero (76) se dedica a la jardinería. No lo hace por lucro, sino para descubrir nuevas variedades y nuevos matices en frutos y flores de su huerto. El resultado de ese afán de botánico aficionado se refleja en el éxito que ha logrado al aclimatar y cultivar raras especies de tulipanes holandeses, gladiolos africanos y azucenas, entre otros géneros.

Lo encontramos en su parcela caminando muy lento entre las flores y plantas. Las coge delicadamente entre sus manos y las observa, las huele y sacude los tallos para ver su resistencia. Al tacto y con la vista, los conoce como si fueran sus hijos.

“Si están erguidos, están bien; de lo contrario necesitan abono”, comenta muy convencido.

Recuerda que su afición por las plantas le nació cuando era niño, pero su colección la inició a los quince años. Sonriente, nos muestra un árbol de manzana en la que los frutos apenas tienen un par de centímetros de diámetro.

Nos invita a probar las menudas manzanas, coge una y nos la extiende. El fruto es apenas un pequeño bocado, pero sabe muy dulce. El botánico aficionado nos dice que se trata del injerto de frutos de la variedad California con especies silvestres del valle del Mantaro.

Las manzanas enanas, nos cuenta en confidencia, son la delicia de los clientes que me buscan especialmente, pero la producción es mínima y son solo para satisfacer mi interés por las nuevas variedades. Además, nos muestra sus peras en forma de membrillo y nos cuenta: “Lo de la frutas empezó como un reto personal. Empecé a sembrar distintas variedades, ahora cuento con plantas de paltas, manzanas, peras, higos, uvas, ciruelos, papayas”.

Eugenio cuida sus flores y plantas con mucho celo como si fueran sus hijas, según él mismo afirma y raras veces deja que alguien se lleve alguna semilla o rama para trasplante.

LAS FLORES
Orgulloso manifiesta que ha logrado aclimatar tulipanes provenientes de Holanda y, tras dos décadas de selección natural, consiguió ejemplares de colores raros. “Son únicos y se diferencian porque tienen los tallos más cortos, pero son hermosos”, anota.

Continúa caminando y lo seguimos lentamente. Nos guía hasta donde se encuentran unas flores que, a simple vista, resaltan por sus colores intensos que no se pueden apreciar en otras de su género. Nos sentimos sorprendidos y nuestro asombro se acrecienta al percibir la delicada fragancia con la que impregnan el aire.

Eugenio Santana sonríe al notarnos sorprendidos y nos cuenta: Empecé a cultivar gladiolos, margaritas y cipreses, así como algunas flores comunes; pero eso fue al principio. Luego me dediqué a cruzar especies para lograr nuevas variedades, aprovechando que el terreno con que cuento es extraordinariamente fértil y cuenta con un microclima cálido, en una hondonada, a orillas del río Mantaro.

VERSIONES EXTRANJERAS
Actualmente, este jardinero huancaíno injerta plantas difíciles de hallar en nuestro medio, como el Lilium (azucena) que trajo de Holanda. Además, ha logrado diferentes variedades en colores con matices de morado, rojo, amarillo y fucsia.

Gracias a una selección genética natural, don Eugenio obtuvo gladiolos morados, rosados y blancos con garganta roja o anaranjada. Además, begonias y narcisos que le trajeron de países como Holanda, Italia, Estados Unidos, Chile y Argentina.

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“El canto de un chihuaco (zorzal) se puede escuchar a kilómetros de distancia y jamás confundir. Sin embargo, para que logre ese potente trino, debe haber comido el fruto del árbol de las guinda”, señala una antigua tradición campesina.

Esta especie, de un sabor singular y de inigualables propiedades alimenticias y medicinales, además de madera de alta calidad, está a punto de desaparecer debido a la masiva tala para los cortamontes. Y es que, según Jesús Veliz Ramos, presidente del organismo ecologista Canto Vivo, cada año –solamente en el valle del Mantaro– se corta alrededor de 30.000 árboles para estas fiestas que se celebran varias veces al año.

La debacle de esta especie forestal empezó hace medio siglo, precisamente debido al auge de las costumbres folclóricas del cortamonte o también denominado yunsa, que consiste en talar un árbol para llevarlo a un campo ‘descubierto, adornarlo, volverlo a plantar para que parejas de danzantes bailen a su alrededor, propinándole golpes con un hacha filuda, hasta hacerlo caer.

Los árboles de guinda son los preferidos para la yunsa, por eso los ecologistas solicitaron al municipio provincial de Huancayo emitir una ordenanza que disponga que por cada ejemplar cortado para las fiestas, deberían sembrarse otros 10 plantones. La disposición se dio, pero nunca se cumplió.

Sin embargo, el distrito de Huamancaca Chico, liderado por su alcalde León Eulogio Socualaya Roca, se ha convertido en el primer protector del árbol de la guinda, pues su municipio ha emitido una ordenanza que prohíbe la tala de esa especie.

“Contamos con 8.000 árboles en todo el distrito y estamos decididos a volver a convertir el lugar en el paraíso de la guinda, como ocurría hace unos 50 años”, anota Socualaya Roca.

Para cumplir su objetivo la municipalidad instaló un vivero para producir plantones de guinda. Además, en el aniversario del distrito, el próximo 6 de marzo, plantarán otros 1.500 ejemplares, dando el inicio al ambicioso programa de reforestación.

Manuel Castañeda Munive, del distrito de Chupuro, recuerda que sus antepasados decían que el único fruto que encontraron los españoles en el valle del Mantaro fue la guinda. Desde entonces ha crecido en forma silvestre gracias al zorzal que se encarga de dispersar la semilla. Ojalá que así pueda seguir multiplicándose.

Fruto con minerales y vitaminas
Los pequeños frutos de guinda, ‘Prunus Serotina’, miden un centímetro de diámetro, pero son bastante ricos en calorías, minerales y vitaminas, asegura el ingeniero Mario Melgar Hinostroza, jefe del Programa Nacional de Manejo de Aguas, Cuencas Hidrográficas y Conservación de Suelos (Pronamachcs) de Junín.

Así, en 100 gramos de frutos de guinda se encuentran por ejemplo nutrientes en los siguientes porcentajes: 64, 0% de calorías, 82,1% de agua, 0,7% de proteínas, 15,4% de carbohidratos. También contienen minerales como calcio y fósforo, hierro y las principales vitaminas A, B1, B2, B5 y C.

Por estas características son empleadas en el tratamiento de enfermedades cardiovasculares y broncopulmonares, sobre todo en los casos que se presentan con tos e inflamación de garganta.

Más datos
4Pese a que es originaria de Centroamérica, en el valle del Mantaro crecen ejemplares frondosos que dan toneladas de frutos.

4Un ejemplar adulto puede llegar a medir entre 8 y 10 metros de alto, con el tronco de un metro de diámetro.

4Se industrializa licor de guindas, pero también se preparan mermeladas, jaleas y mazamorras

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De entre todas las obras que el presidente José Balta propugnó, destaca la construcción del Ferrocarril Central Trasandino.
Los padres de esta extraordinaria obra de la ingeniería mundial fueron Enrique Meiggs, el empresario norteamericano que se comprometió a cumplir la hazaña, y Ernesto Malinowski, el ingeniero polaco que fue capaz de secundar tal ofrecimiento.
El contrato de la construcción de esta obra suicida, que figura en la colección «Los Ferrocarriles del Perú», dice: «Don Enrique Meiggs, sus herederos, albacéas ó legítimos representantes, se obliga á construir la sección del Ferrocarril Central Trasandino, comprendida entre el Callao y Lima á La Oroya, con sujeción al plano y trazos hechos por el ingeniero en jefe don Ernesto Malinowski».
Para ejecutar tamaña construcción, el gobierno peruano tuvo que vender anteladamente el guano de las islas a la Casa Dreyfus y a otras compañías europeas.
La longitud de los rieles, desde Lima a La Oroya, es de más de trescientos kilómetros, y la altura máxima, que alcanza entre Ticlio y Morococha, de 4,818 metros sobre el nivel del mar. Pasa por 62 puentes y 66 túneles. El más alto de los puentes es el de Infiernillo y el más largo de los túneles, el de Galera, en Ticlio, que mide 1117 metros de longitud.
El ramal Oroya-Huancayo, de 124 kilómetros, se trabajó con toda celeridad. Esta obra se realizó merced a la política ferrocarrilera del presidente José Pardo (1904-1908) y su tiempo de ejecución fue de tres años.
La inauguración del Ferrocarril Central en Huancayo, el memorable 24 de setiembre de 1908, fue apoteósica. A las doce del día, rodeado de un mar de gente, se vio aparecer el primer convoy en la estación ferroviaria de Tres Esquinas. Se cuenta que el conductor, de apellido Beltrán, hizo sonar el pito del tren desde el paraje de Quebrada Honda, y que estacionó la bufante máquina en medio de una profusa vaharada y algarabía general. La locomotora, como consta en la historia de la ciudad, fue una de fabricación inglesa, llamada «Rogers» y signada con el número 34.
Dos días antes, el diario limeño «La Prensa» había anunciado la salida del tren con ciento cincuenta jóvenes huancaínos rumbo a su ciudad natal. El convoy, durante el recorrido, se detuvo cerca del puente colgante de Muquiyauyo para proveer agua a la máquina. Cuarenta pasajeros aprovecharon el alto y bajaron a fotografiarse. El peso excesivo, lamentablemente, quebró una de las cadenas, precipitándolos al río Mantaro, donde se ahogaron Miguel Proaño y el menor Carlos Rodríguez. Rescatados los cadáveres y salvados los demás, el convoy siguió la marcha hasta Huancayo.
El diario «La Prensa» informa de este hecho luctuoso y a la vez fastuoso: «El señor Morris, a nombre de la Peruvian Corporation, dijo: la ciudad de Huancayo, que celebra hoy el acontecimiento más trascendental de su historia, no podrá olvidar jamás el 24 de setiembre de 1908, en que quedó asegurada su comunicación con la costa, siendo esta obra de importancia para todo el continente por ser un eslabón más para el Ferrocarril Central Panamericano».
En ese entonces el viaje a Huancayo se realizaba en dos días, pero luego, a pedido del diputado Peñaloza en la legislatura de 1920, se obtuvo el servicio diario sin transbordos.

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Todos los pueblos tienen su cantar, cuyo sentimiento hecho canción sintetiza su sentimiento, su pasado glorioso, su presente y porvenir: Qosqo, “Valicha”; Tarma, “Picaflor tarmeño”; la Primera Capital Histórica del Perú, “Jauja”; Ayacucho, “Adiós pueblo de Ayacucho”; Andahuaylas, “Linda andahuaylina”; Huánuco, San Pedrana: la Tierra del Mercurio, “Huancavelica” y Huancayo: “Yo soy huancaíno por algo”.El autor del himno wanka es el maestro Zenobio Dagha Sapaico, el último mohicano de la zaga de compositores del siglo XX: Juan Bolívar, Tiburcio Mallaupoma, Emilio Moticha Alanya, Picaflor de los Andes.“Yo soy huancaíno…”, nació en una báquica bohemia, entre un grupo de jaujinos pendencieros y el “wankawalarsh” Zenobio Dagha, quien se batió triunfante en un pico a pico en un duelo de cervezas, en el afamado rincón “Entra y sal si puedes” de la Plaza de Jauja, donde acudió Zenobio a contratar músicos rajatablas.- Wanka Zenobio, acompáñenos y siéntate vamos a brindar. Tres jaujinos de pura cepa, tomaban caña traída de Monobamba. Entre chascarros, puyazos y hasta ofensas, Zenobio se había mareado y olía a cañazo. Quería corresponder la amistad con un vaso de cerveza y demostrar su coraje y orgullo wanka. Se levantó y con amabilidad convincente dijo:- Déjenme pedir dos cajas de cerveza, como expresión de mi cariño y amistad hermano shrai, hermanos jaujinos…- No… aquí tu plata no vale nada, chupa nomás “wanka machcaputu”…- Mozo traéme… uno… dos… tres… cuatro cajas de cerveza y vamos a tomar al estilo wanka seco como la panka y pico a pico… Yo carajo, soy huancaíno por algo…De pronto Zenobio empezó a tararear y nació el huayno que se convertiría en Himno Nacional de Huancayo. Pero no ese himno que compusieron los huanuqueños y que hoy se entona después del “Somos libres”, sino el huayno que se canta con verdadero sentimiento y corazón wanka. Que se inicia y termina al más puro estilo wanka:¡Hermano shay. Amta limapaj:Mana malkayqitachu, malkami ni. Ni takiqitachu, takimi ni.Maychrupis kaychrupis… Wanka walarshmi ka.Hermano mío, a ti te hablo, este es mi mensaje:Yo no digo que tu pueblo es mi pueblo.Ni que tu canto es mi canto.Allá, aquí o donde sea… Soy un joven de bravía raza wanka.“Yo soy huancaíno…” se fue fermentando y madurando como la chicha, hasta que fue grabado por el “Picaflor de los Andes”, con la orquesta “Los Engreídos de Jauja” del maestro acollino Julio Rosales Huatuco. Desde entonces, el himno se echó a rodar como el cantar de gesta del pueblo wanka.

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La alcachofa, con su armadura de escamas verdes, ha salido de su hábitat milenario del Mediterráneo para luchar contra la extrema pobreza en los Andes. Su tierno corazón, rico en vitaminas y minerales, no sólo alivia males como la diabetes y la gota, sino que combate el hambre y permite que los niños de algunos poblados peruanos puedan tener -por primera vez- dinero para comprar un libro.
Tesoro de exportación
A pesar de que el cultivo de esta hortaliza se ha generalizado desde finales de la Edad Media, en que fue introducida en Europa por los árabes, puede decirse que en la sierra peruana esta planta es altamente valorada.
En esta región se cuida a la alcachofa por su calidad gastronómica y por sus beneficios para la salud, pero también porque permite el desarrollo de las comunidades. Gracias a un proyecto de cultivo de alcachofas promovido por Cáritas Perú y la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), hoy los campesinos venden toneladas de hortalizas al extranjero. Los agricultores han descubierto tras el aspecto marcial de la alcachofa un corazón que es algo más que tierno. Verde esperanza
El masivo cultivo de alcachofas en la región del valle del Mantaro -en las provincias andinas de Huancayo, Jauja, Concepción y Chupaca- fue iniciado con un espíritu casi temerario. El primer reto fue convencer a unos 5 mil pobladores que esta planta, para muchos desconocida, significaba el progreso.
Aunque una especie de alcachofa había sido introducida siglos atrás por misioneros franciscanos, esta verdura nunca llegó a ser tan popular como el maíz y la papa. Los campesinos tuvieron que vencer sus propios prejuicios, miedos y creencias para lanzarse a una oportunidad de desarrollo cuyo éxito dependía de la fuerza de sus manos.
Cuatro años después de iniciar esta experiencia, los agricultores recogen hoy los primeros frutos. A 2 mil 250 metros sobre el nivel del mar, en poblaciones donde seis de cada diez niños padecen de desnutrición crónica, se comienza a ver el futuro con esperanza.
César Vara, campesino de la localidad de Hualhuas, cree que haber optado por el cultivo de alcachofa fue unas de las mejores decisiones en sus treinta años de vida. Tras la cosecha, sus ingresos se incrementaron 12 veces en comparación con lo que obtenía por sembrar papa (patata). Su esposa, sus tres hijas y él vieron atónitos cómo la ganancia de 100 dólares al año se convirtió en mil 200.
Ayuda en economía
Según Vara, el proyecto, además de mejorar la alimentación de su familia, ha permitido que sus hijas tengan una mejor educación. Con una sonrisa plena de gozo, relata que al fin pudo cumplir el anhelo de comprarles un libro para que aprendan a leer.
Cáritas y USAID han invertido en este proyecto, además de tiempo y paciencia, alrededor de 160 mil dólares. Con estos fondos, Cáritas capacitó a los agricultores con diversos especialistas, mientras USAID se encargó de la financiación de las obras, que incluyen -además de todo el proceso de cultivo- el revestimiento de tres canales de regadío. Primero les enseñaron los cuidados en el abono, el deshierbo y el riego, que en el caso de la alcachofa tiene que realizarse con la precisión de un reloj suizo. Un día más, un día menos o la escasez de agua podría determinar que la planta no crezca debidamente, o que rinda frutos de mala calidad.
Con un control adecuado de los sembríos, se erradicaron prácticamente enfermedades de la planta que en otros lugares marchitan sus hojas, la cubren con manchas o provocan que se pudra hasta morir. De igual manera, con trampas de luz y rotación de cultivos, los campesinos aprendieron a eliminar gusanos, caracoles, escarabajos y pulgones que se convertían en plagas.
La fuerza del trabajo en esta localidad de los Andes peruanos no sólo se basa en la calidad técnica que han alcanzado, sino en que todo el pueblo, desde los niños hasta los ancianos, cuidan el cultivo. Comunidades enteras de 300 familias se agrupan en asociaciones y distribuyen las labores entre cada uno de sus miembros.
Cuatro años después de iniciar el proyecto, hay un total de 600 hectáreas de cultivo en el valle del Mantaro. Ahora, el reto de los pobladores es alcanzar, en tres años más, las 3 mil hectáreas de sembrío. El valle comienza a poblarse de más cabezuelas verdes de diferentes tamaños, alineadas perfectamente en forma de batallones.
En la actualidad, el 80 por ciento de los cultivos es de la variedad con espinas. El resto corresponde a las variedades Green globe, Imperial Star y Lorca que, sin espinas y de menor tamaño, fueron las primeras alcachofas exportadas desde esta región.
De estas últimas variedades se extraen los “corazones de alcachofas”, que son procesados y envasados con salmuera para luego enviarlos a España, Francia, Italia, Estados Unidos y Centroamérica. La demanda crece de manera explosiva y no es posible atenderla, a pesar de que cada mes cruzan la frontera 20 toneladas de alcachofas.
Producto gourmet
Es cierto que el volumen de producción no es comparable al de otros centros en la costa peruana y, menos aún, al de países como España o estados norteamericanos como California. Sin embargo, la alcachofa del valle del Mantaro comienza a tomar un lugar predilecto dentro del exclusivo y especializado mercado de la alta cocina.
Los corazones de alcachofa de esta región andina son preferidos por ser más compactos y de mejor turgencia, gracias al clima, la tierra y el agua que riega los sembríos, proveniente de los ríos Achamayo, Shullcas, Molino, Yacus y Cunas. El cuidado y la calidad de la alcachofa ha permitido que grandes empresas como Camporel Delicatessen y Sola de Antequera, de España, además de Goya Foods, de Estados Unidos, sean los principales compradores de los productos. Carlos Calderón, jefe de producción de Procesadora S.A.C., la empresa que procesa las alcachofas en el valle del Mantaro, señala que la materia prima es cuidadosamente seleccionada antes de darle el tratamiento de conserva.
Afirma que se aprecian más las alcachofas pequeñas por tener menor tiempo de exposición al medio ambiente, además de poseer corazones menos fibrosos, más digeribles al organismo y con el mismo valor nutritivo que las grandes. Pero de las alcachofas de mayor calibre, entre 8 y 11 centímetros, se obtienen los llamados “fondos”, la base de la cabezuela de la planta y que también han encontrado un lugar muy importante en la demanda.
Si bien la alcachofa no es del todo una panacea, lo cierto es que hace votos. Esta hortaliza se emplea para tratar la anemia, la diabetes, el estreñimiento, los cálculos de la vesícula biliar, la gota o para aliviar dolores provocados por el reuma. Su bajo contenido en calorías hace que sea uno de los vegetales predilectos en las dietas adelgazantes. Asimismo, es altamente diurética y rica en minerales, vitaminas y fibra.
De otro lado, por ser una hortaliza versátil y maleable, algunos entendidos dicen que es un alimento sano pero no aburrido. Rebozadas, rellenas, al horno, en ensaladas, en tortilla o doradas a la milanesa, las alcachofas se adaptan con aprecio a los más exigentes paladares de todo el mundo. Existen tal cantidad de ensaladas, sopas, platos de fondo y postres, en los que son el principal ingrediente, que no cabrían en un libro.
Sin embargo, no hay quizás mejor forma de acceder a sus bondades que sacar cuidadosamente su recia cobertura y comer directamente su tierno corazón. Es por ello que los niños de la escuela de Hualhuas han aprendido no sólo a cultivar la alcachofa, sino a comérsela al natural y a cocinarla en diversos platos típicos de la región.
De esta manera, la hortaliza que -según dicen- fue creada por el propio Zeus, fue cultivada en los jardines de Enrique VIII y Luis XVI, y a la que el poeta P
ablo Neruda le dedicó una oda, es hoy el vegetal con aspecto de caudillo que se enfrenta a la pobreza en los Andes peruanos. Ni Marilyn Monroe, la reina del primer festival de la alcachofa celebrado en California, pudo descubrir -como sí lo han hecho los campesinos andinos- el verdadero valor de su corazón.

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Las alcachofas del Valle del Mantaro han comenzado a exportarse a los mercados de Europa y Estados Unidos, principalmente a Italia España y Francia, a donde se envían remesas mensuales de 20 toneladas, beneficiando a cientos de familias de las provincias de Huancayo, Concepción y Jauja en la región Junín.
Este exitoso programa viene siendo ejecutado por Cáritas del Perú, a través de su Cáritas Diocesana en Huancayo, con apoyo de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional-USAID, que tiene el propósito mejorar la seguridad alimentaria de las familias campesinas más necesitadas de esta parte del país.
Esta hortaliza no sólo está destinada al mercado externo, también puede encontrarse en los supermercados a nivel nacional y de la capital como Wong, Metro, etc. Es muy cotizada por su valor nutritivo y curativo, rica en azúcares, proteínas y vitaminas A, B, y C, con alto contenido de calcio, potasio y hierro.
Según informa el Ing. Juan Quispe, responsable del programa de alcachofas de Cáritas Huancayo, este programa de desarrollo provee a los pequeños productores capacitación, asistencia técnica y apoyo crediticio, con el propósito de mejorar su productividad haciéndoles mas competitivos y creando canales que articulen su producción con los mercados establecidos de manera sostenible, los cuales han permitido lograr un impacto directo al generar empleo productivo en esta zona considerada de alta pobreza.
“Mi vida, la de mi familia y de mi comunidad ha cambiado. Ahora mis hijos tienen educación, mejor alimentación y podemos recrearnos, gracias al apoyo que nos da la Iglesia, a través de Cáritas”, relata César Vara Méndez, agricultor de Baguas, uno de los 110 productores que conforman la asociación ASPAH.

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• En varias zonas de Huancayo agricultores las prefieren frente a peruanísima papa.• Productores obtienen hasta 8 mil soles por hectárea.• Cáritas los apoya con capacitación e insumos.
Por Manuel Tovar.Foto: Juan Gil.
Con asistencia técnica y capacitación permanente, agricultores del Valle Azul de Concepción y Hualhuas, en Huancayo, se dedican ahora a la siembra de alcachofas. Este cultivo les viene brindando excelentes resultados económicos, llevando mejorías a sus humildes hogares, especialmente de las comunidades campesinas más alejadas de la ciudad .
Más rentable que la papa
Los agricultores de la zona, históricamente ligados al sembrío de papas, rotaron estos cultivos por las alcachofas con espinas y sin ellas, y les viene dando excelentes resultados. Por ejemplo, por hectárea de papas ganaban 300 nuevos soles. Ahora, cada hectárea de alcachofas les reporta ingresos de aproximadamente 8 mil nuevos soles (2 mil 500 dólares).
Debido a este boom de la alcachofa, en la zona se han instalado tres modernas plantas procesadoras, lo que permite obtener productos con los estándares de calidad de exportación que es necesario para ingresar el producto hacia mercados tan importantes como los de Estados Unidos y Europa.
El clima templado y la altura de los terrenos agrícolas de la zona son ideales para la siembra de alcachofa sin ningún tratamiento especial. Las variedades que más se cultivan son la Criolla (con espinas, es la tradicional ), Lorca, Imperial Star y Green Love (sin espinas), que es la más requerida en los mercados de Europa y EEUU.
Apoyo de Cáritas
Cáritas del Perú apoya a los campesinos locales con el ‘Programa de Alcachofa’, que comenzó el 2001 y debe concluir el año 2008.
El apoyo consiste en una inversión de alrededor de medio millón de soles. Además del dinero, los apoyan con semillas e insumos, y asistencia técnica de expertos profesionales.

Hay cebiche de alcachofa1. Con las variedades de alcachofa que están sembrando los agricultores del Valle del Mantaro se pueden preparar variados y exquisitos platos típicos de la zona, y todo con un alto porcentaje proteínico y sano.
2. Entre ellos destacan el cebiche, el arroz con alcachofas, sopas, cau-cau y ají de gallina, entre otros.
3. 100 gramos de alcachofa contiene 200 unidades de Vitamina A, 250 de vitamina B1-2 y 7.5 miligramos de vitamina C.
4. Su valor nutritivo ha sido científicamente comprobado

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Se quiere cubrir el requerimiento de 13.500 ejemplares congelados al mes. Criadores forman asociaciones para atender mercados de Asia y EE.UU.
Si antes los asustadizos y prolíficos cuyes correteaban en las cocinas o habitaciones de las viviendas de los campesinos del interior del país, ahora su crianza ha dado un giro insospechado desde que la carne de este roedor andino se ha convertido en un apreciado producto de exportación.
Estos pequeños animales tienen que reproducirse muy rápidamente si es que se quiere cubrir la demanda de 13.500 ejemplares mensuales, que requieren los mercados de Asia y EE.UU., según indicó el ingeniero Walter Rojas, responsable de la cadena de crianza de animales menores de la Dirección Regional Agraria de Junín.
Según este funcionario, entre enero y febrero de este año se exportó a manera de prueba a Miami medio millar de cuyes, limpios, envasados y congelados. Todo el proceso se realizó en la ciudad de Huancayo a cargo de la empresa Exin Sac, que trajo hasta las máquinas para empacar.
“El hecho es que las especies que se producen en el valle del Mantaro, pese a que no son puras en raza, tienen una calidad insuperable en sabor, peso y tamaño para la exportación”, explicó.
Los campesinos crían cuyes que son cruces de las razas Huanca, Perú y Andina. Estos son el producto de los estudios genéticos efectuados desde 1970 en la Universidad Nacional del Centro del Perú y del Centro Experimental Santa Ana del Instituto Nacional de Investigación y Extensión Agropecuaria (INIA). También hay otras netamente del valle del Mantaro como la Saño (anexo de Huancayo) y Yauri (comunidad del distrito de Pariahuanca).
La crianza de cuyes ha despertado tal interés entre los campesinos de esta parte del país que se han formado nueve asociaciones en las provincias de Jauja, Concepción, Chupaca y Huancayo, en las localidades de Sincos, Sicaya, Quilca, Muquiyauyo, Paltarumi y Cajas.
Los comuneros de la provincia de Tarma no se quedaron atrás y crearon otras cuatro asociaciones de criadores, además en la provincia de Chanchamayo ya funciona otra de estas organizaciones.
“A pesar de ello, se requiere un mayor número de criadores organizados para poder cumplir con la demanda de los mercados de Asia y de EE.UU.”, advirtió el ingeniero Rojas.
En la actualidad, la Dirección Regional Agraria de Junín otorga asesoría técnica especializada a las asociaciones y también ofrece orientación a los campesinos que quieran agruparse, formar una organización y dedicarse a la crianza del pequeño roedor.

Hace un tiempo la Municipalidad de Huancayo decidió cambiar la modalidad de recojo de la basura en nuestra ciudad: el camión recolector ya no se anuncia con los talaneos metálicos de mi niñez, sino, curiosamente, con hermosos temas de nuestra música vernácula. Así, Picaflor de los Andes y Flor Pucarina (aunque más el primero que la segunda, ciertamente) se encargan de avivar a la población para que salgan a sus puertas con el bote de la basura en la mano. Al enterarse de estos novísimos modos de la baja policía, a mi madre se le ocurrió una hipótesis: «la municipalidad tiene espíritu festivo y nos invita a bailar mientras botamos la basura» (o sea una especie de ejercicios aeróbicos autóctonos propiciados por la oficina de bienestar social de la municipalidad para mantener en buen estado a las amas de casa). Mi compadre Príncipe Acollino me llamó compungido porque nada de su repertorio suena en los altoparlantes del camión recolector. Pero es mi amigo Luis Pacheco Mandujano quien, de veras, vio las cosas con ojos severos: «Obviamente que a mí me parece un absurdo completo».Pues bien, si las amables amas de casa que reprimen las ganas de bailar al momento de botar la basura, mi compadre el príncipe, mi amigo Luchito, y alguno que otro hacendoso que no pierde la oportunidad de estirar las piernas sacando la basura a la vereda, pidiesen mi opinión acerca de este asunto, les respondería que a mí también me parece un completo despropósito utilizar nuestros bonitos huainos para llamar la atención de los que pretenden deshacerse de lo inservible. Quizás los propulsores de esta dinámica traten de sustentar tal decisión con la consabida «revaloración» de la identidad huanca. Sin embargo, nosotros creemos que esta dinámica, en lugar de valorar nuestros hábitos culturales, lo que está haciendo es crear una asociatividad subjetiva de la música huancaína con los desechos orgánicos e inorgánicos, es decir con lo más escatológico de la sociedad. ¿Música nativa y basura son, ahora, parientes? Luis Pacheco Mandujano de nuevo se hace presente en este punto: «Me parece que con tal decisión, que dicho sea de paso disgusta a muchas personas en esta ciudad –particularmente no he hallado aún a alguien que le agrade la idea de vincular a la basura con el sentimiento folklórico huanca–, lo que se ha terminado por generar son dos cosas: primero, que nadie entre los adultos entendemos cómo se puede «revalorar» el sentimiento y la identidad huanca a través de uno de los actos más «sucios», stricto sensu verbum, que el hombre genera; y, segundo, que las nuevas generaciones, aquellas que no crecieron, lamentablemente, con la Flor Pucarina, con el Picaflor de los Andes, entre otros, identifiquen como sinónimos basura y folklore huanca. Esto último, a semejanza de lo que sucedía con el perrito de I. P. Pávlov».Imponer este tipo de acciones para soliviantar nuestras identidades oriundas no va a lograr revalorar nuestra identidad (y este es otro tema de largo aliento, pues, como sabemos, a Huancayo no sólo puede medírsele con la identidad de las piedrecitas, los cántaros y las mulizas, sino con muchas otras formas culturales que, a lo largo de los siglos, le fueron sumando otras formas culturales tan legítimas como las primeras en nuestra personalidad formativa).Queremos creer que este es apenas un experimento de nuestros munícipes por estimular nuestros sentidos odoríferos y auditivos, porque, si no es así, corremos el riesgo de que Alan, con el cuento del patriotismo, nos imponga el himno nacional a la hora de ir al baño.
Sandro Bossio S.

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