Papá, hoy estamos aquí junto a ti para recordar tu partida. Para nosotros, tus hijos, tus familiares, no has muerto, porque espiritualmente te tenemos siempre presente en nuestros corazones”, exclamó Eduardo, el hijo del gran Zenobio Dagha Sapaico, durante la misa celebrada ayer por el primer año del fallecimiento del ‘Patriarca del Waylarsh Wanka’.

Sí, la partida del huancaíno, del genio de la música wanka, del noble ciudadano que le ofrendó su talento al Perú, fue recordada por las personas que sí lo quisieron en vida, por aquellos seres que -aún- sienten su muerte, ocurrido el 9 de noviembre del 2008.

MUCHOS RECUERDOS. Una misa, muy emotiva, unas sentidas palabras de su hijo Eduardo, recuerdos de infancia, anécdotas familiares, y la infaltable melodía del violín (compañero de toda la vida de Zenobio), se vivió pasado el mediodía, en el cementerio de Chupuro, al pie de la tumba, donde descansa el compositor de un sinnúmero de canciones como el clásico “Yo soy huancaíno”, en medio de un ambiente familiar.

Otro de sus hijos, Filiberto, se animó a tocar el violín, con el cual hizo un recuento de la trayectoria creativa de su papá. “Casarme quiero”, el primer waylarsh que compuso Zenobio, “Vaso de Cristal”, el huayno que lo tocan y cantan aquí y en el extranjero, y el vals “Los novios del matrimonio huanca”, una de sus últimas creaciones, se escuchó en medio de la tristeza y los aplausos.

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